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jueves, 17 de noviembre de 2016

Siempre Amando...

Y amar con otro amor...
Amar con un amor de casi cuatro décadas es como un soplido enérgico que te refresca el alma.
Porque no tener veinte no es una prohibición ni un límite... amar en la treintena es salir a la luz con una seguridad única, es ganar un espacio en el universo, amar en la madurez es lograr ser libre sin egoísmos... concebir el amor en esta etapa es poner en la mesa todo, el alma, el corazón, las dudas, las certezas y las ganas... estos cuerpos, estos ojos, estos besos... y no esperar nada.
Es la entrega del ahora.
Es tener la valentía de madurar.
Es decidirse a sentir a flor de piel.
Es aceptación y camino.
Ya no es desesperación...
Es sentir en estado puro...
Siempre Amando...

jueves, 11 de agosto de 2016

Tiempo y perdón

Dicen que perdonar es divino y que el tiempo todo lo olvida. Pero realmente es así? es suficiente el tiempo para olvidar? es sólo el perdón hacia los otros lo que necesitamos para curar?

Durante mucho tiempo estas incógnitas dieron vueltas en mi mente. Respuestas, ensayos, supuestos, mandatos... todo esto, al estilo de una montaña rusa, se han colado por los huecos de mi alma exigiéndome encontrar respuestas.
Resultó que el tiempo no es parámetro ni garantía de olvido. Y que perdonar se hace realmente difícil.

Cuando finalmente abandoné el intento de perdonar al otro que me dañó y me centré en mi propio dolor fue que se abrió un nuevo inicio frente a mis ojos. Comprender que quien gritaba por un perdón era yo misma. Se hace imposible a veces perforar la roca que nos impide vernos fielmente, pero cuando lentamente comienza a resquebrajarse, podemos llegar al centro y encontrar ese punto donde aparece la claridad.

Buscar el perdón para un otro sin primero encontrarlo para nosotros mismos hace el camino cuesta arriba.

Lleva tanto tiempo a veces...
aceptación, descubrimiento, coraje, sostén...
Lleva tantas lágrimas a veces,
cuesta tantos fracasos y tantos intentos a veces,
cuesta broncas infinitas, rechazos imaginarios,
autoboicots, y tanto más...

Pero finalmente y luego de un arduo trabajo interior llega el perdón y arrancamos de nuevo. No aparece de la nada. Hay que desearlo, buscarlo y encontrarlo. Pero debemos encaminarlo hacia nosotros mismos. Permitirnos el error, aceptarlo y decirle adiós, cumpliste tu misión, ya no te necesito. Es un impulso que nos tira hacia adelante...

Y el tiempo no es garantía certera de que se logre. El tiempo no tiene la receta para saber cuánto lleva olvidar, quitar tristezas, cerrar heridas. Pero nos regala la posibilidad de poner distancia y a veces esa distancia es la que nos permite olvidar. Poner en perspectiva... y decir "ya pasó tiempo, ya es hora" y salir a la vida nuevamente con coraje de llevarla por delante.

Esta reflexión llega cuando en mi vida pasaron cinco años de distancia y olvido, de perdón y aceptación. Y me hace ruido hace tiempo... le puede servir a alguien, le puede hacer ruido a alguien más...

Libertad en lo más profundo, sentirse listo para salir al mundo y siempre con una sonrisa...

Mis felices 5 años de renacer con plena felicidad

Pao

lunes, 4 de julio de 2016

Bisagras

En qué momento de nuestras vidas dejamos de ser esas niñas/jóvenes inocentes y nos convertimos en mujeres que ya no creen en cuentos rosas?
Cuál es el preciso instante, si es que existiera, en que dejamos de creer en el cuento de la casita perfecta, el príncipe azul y el vestido con miriñaque?
Podría debatir horas sobre la concepción de crianza que cada una vivió, sufrió, disfrutó... por regla general todas las que fuimos niñas soñamos con el príncipe azul y una vida de color rosa y sueños. Por supuesto hay excepciones. Pero insisto en la generalidad que la mayoría de las mujeres, al menos las que conozco, han vivido.
Entonces, en algún momento de los diecialgo o veintitantos algo se rompe. Hay un quiebre. Una coyuntura que hace que lo que siempre habías creído que sería la lógica de la vida te da un revés y justamente te presenta la verdadera " vida".
Esa vida que vos no imaginaste ni soñaste para vos. Esa vida que te pega cuando te das de frente contra una pared.
Quizá no te sucedió nada demasiado desmoralizador. Simplemente abriste los ojos y frente a vos encontraste un mundo lleno de miserias, de realidades ineludibles que hubieras preferido mil veces desconocer.
Tal vez sufriste las primeras pérdidas en tu vida, acompañaste enfermedades... o el amor, o lo que creías que era amor, te decepcionó dejando una marca imborrable.
O un día comprendiste que lo que hacías no te llenaba, que el lugar en el que estabas no te definía, que quiénes te rodeaban no eran compañía. Y te sentiste sola y pérdida.
Y entonces ese momento te marca y rompe tus estructuras, tus creencias y todo lo que habías planeado y soñado para tu vida.
Una carrera trunca, un arrepentimiento, una culpa, una traición, un desengaño, una muerte... o sólo abrir los ojos y ver.
En qué momento nos convertimos en lo que somos? En uno en particular? Hay un proceso que nos acompaña. Que nos lleva de la mano. Nos alienta. Nos retiene. Pero por sobre todo va con nosotros.
Y en algún momento encuentra su cauce, se encarrila. Ves con ojos grandes y llenos de experiencia. La tuya. La que nadie puede robarte y sólo vos comprendés. La que te hace la persona que sos.
No importa si lograste reconocer el momento bisagra, lo importante es que estuvo ahí.
Por qué no, pudo haber sido un momento de felicidad. Un nacimiento, un encuentro, una caricia.
Lo increíble es que esos momentos son tan necesarios en nuestro camino.
Las metamorfosis que hacen los seres vivos son tan antiguas como la naturaleza misma y todos los seres las necesitamos.
Cambiamos la piel, abrimos alas, nos salen patas para saltar. Dejamos de creer en el príncipe azul y en los cuentos de princesas y nos volvemos seres reales, de carne y hueso, que viven y sienten.
Que respiran y miran de frente con coraje.

jueves, 30 de junio de 2016

Dulces niñas

Dulce niña mía...

25 años después siguen siendo mis dulces niñas...



Decisiones

Y entonces mediando una simple charla cotidiana algo te hace click. Las decisiones se toman o te toman. ¿Por qué volviste? ¿Por qué no me fui? Y las respuestas son miradas que te arrebatan la capacidad de pensar. Y un nudo en el estómago termina en burbujas que se expanden hasta mi pobre y agotado cerebro.
Será que realmente las decisiones no siempre dependen de nosotros? Los caminos se abren de formas tan extrañas. Podemos creer en el destino, la suerte, la herencia, el devenir, la providencia y .... los nombres que quieran ponerle a esta sensación de que así tiene que ser o simplemente, no ser.
Y darle vuelta al asunto, ponerlo patas para arriba, vaciarlo y llenarlo. Estudiar y analizar pros y contras. Estrategias y tácticas. 
Para qué?  Para que la decisión llegue repentinamente y te tome por asalto. 
Y una vez que está ahí, tangible y real ya no se ignora. 
Ahora el hielo quizá comience a entibiarse, como dice la canción.
Aceptación. Ponerle palabras a las sensaciones y tomar o dejarse tomar por las decisiones. 
Nada más...
Todo más...
Está hecho.

domingo, 26 de junio de 2016

Inspiración

Inspiración


Desear algo suele ser el combustible que pone en marcha un motor. Que ese deseo esté ahí, latiendo, picando, moviendo y hasta molestando, significa que necesita un espacio propio.
Eso exactamente es lo que me sucede con "el escribir".
Es como la piedrita en el zapato... está ahí. Pequeña pero firme. Y hasta que no frenás, te acuclillás, quitás zapato y media, si la hubiera, y encontrás a la minúscula invasora no podés continuar avanzando.
Así exactamente siento ese desear... como esa piedrita que me molesta. Pero he ahí el dilema. Por qué si es algo que deseo con tantas ganas lo comparo con una molestia?
Qué es lo que me impide saltar al vacío del deseo?
Y por supuesto aparece mi viejo amigo el Miedo. Que viene acompañado de otros conocidos, Frustración, Ansiedad, Autoexigencia y algunos más cuyos nombres prefiero evitar.
Entonces vuelvo al comienzo.
Planteo mi dilema. Deseo fervientemente hacer lo que me completa. Y en una charla mediada por kilómetros y un par de partidos del Gran Buenos Aires una rubia te escribe en el momento en que los planetas lo indican. Y te pone que el libro que le regalaste a su pequeña fue devorado en dos días de intensa lectura. Y palabras vuelan e ideas llegan cuando caíste en la cuenta que si Deseas algo debés ir en busca de ello.
Esperar sentada no va a traer nada a mis manos.
Y entonces, teléfono en mano, escribo. Qué deseo me mueve? Qué me inspira? Qué sueño?
Y fluye el combustible... mi petróleo, las palabras. Mi motivación una vez más, el vínculo sagrado de la amistad.
Rubia hoy me inspiraste vos.
Gracias por creer en mí.