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domingo, 23 de abril de 2017

Día internacional del libro 23 - 04 - 2017

Hace unas semanas una profesora me preguntó por qué leía o por qué quería acercar a otros a la lectura. Y simplemente respondí con un cliché,  para mí, leer salva. Si bien es una frase trillada, resulta que es verdad.
Los libros se volvieron, desde temprana edad, mis amigos más íntimos.  En casa agarraba lo que encontraba. Libros que no entendía, libros que me gustaban y libros que no. Pero seguía leyendo.
En la primaria apareció la biblioteca del aula de la mano de libros como Mujercitas y nunca nada volvió a ser lo mismo. A partir de ahí los libros se volvieron una parte fundamental de mi vida.
Recuerdo haber comprado mis primeros tres libros en el negocio que era de Fernandito en Pipinas. Entre fuentes y juguetes tenía libros de la colección Billiken. Compré Mujercitas, Las Mujercitas se casan y Hombrecitos.
Después en Pipinas me quedé sin lugar donde comprar libros hasta que en la estación de servicio empezaron a vender unas colecciones de bestsellers para la gente que pasaba por la ruta.  Lectura liviana para turistas.
Ahí apareció en mi vida Richard Bach y Juan Salvador Gaviota. Yo tenía unos 15 años creo. Como el único lugar para comprar libros era ése,  Me compré todos los de Richard Bach. Y los leí todos!
Cuando vine a vivir a la Plata empecé a transitar calle 7 hacia la Facultad de Humanidades y de reojo miraba La Normal. Pero nunca sobraba de la semana plata para lo que no fuera estrictamente necesario. Recuerdo de esos años un libro que me compró papá, El principito. Quedó subrayado entre mis apuntes de psicología y luego de historia. Me quemó tanto la cabeza lo que leía  para la Facultad que abandoné la lectura por placer. Sólo algunos libros de Paulo Coelho regalados me acercaron a la lectura placentera. Autor que me valió una gran tristeza cuando me tomaron el pelo haciéndome sentir una descerebrada que lo leía.
Hasta que ya recibida de maestra cayó en mi poder una saga. Una saga que me mostraba las alegrías y tristezas del amor, la fantasía y la ciencia ficción... y chau... Me perdí para siempre. La saga era Crepúsculo, nada destacable, pero para mí un mundo . No fueron los títulos que leí en ese momento lo que me enamoró de los libros definitivamente.  Fue la persona que descubrí que yo podía llegar a ser lo que me voló la cabeza. Fueron el amor que encontré en esas páginas  (y yo no conocía aunque estuviera casada), la aventura que yo quería vivir, los personajes que yo quería ser y los mundos a los cuales quería viajar... eso hizo que la cabeza me estallara y que jamás volviera a ser la misma persona.
Cuando mi vida se vino abajo y conocí la verdadera soledad,  mi refugio total fueron los libros. Días enteros en que solamente leía y leía.
Y esas soledades y ese aprender a vivir a los treinta y pico fueron de la mano de los libros.
Y les aseguro, que a mí no me salvó  la cabeza terapia, ni mi profesión, ni el amor. La cabeza, literalmente, me la salvaron los libros. Y no soy una desagradecida del amor. De sanar el corazón se ocuparon mis hijos, amigos y familia.
Pero la cabeza y la imaginación me la salvaron los libros.
Hace unos tres años y de la mano de una amiga lectora llegué al Gupo de lectura y debo decir que nada volvió a ser igual. Pura felicidad de la mano del libro. Gracias a mis a.igas lectoras por ayudarme a crecer en mis lecturas y por mostrarme un mundo maravilloso.
Feliz día internacional del libro! Para mí,  el día de mis mejores amigos!