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jueves, 30 de junio de 2016

Dulces niñas

Dulce niña mía...

25 años después siguen siendo mis dulces niñas...



Decisiones

Y entonces mediando una simple charla cotidiana algo te hace click. Las decisiones se toman o te toman. ¿Por qué volviste? ¿Por qué no me fui? Y las respuestas son miradas que te arrebatan la capacidad de pensar. Y un nudo en el estómago termina en burbujas que se expanden hasta mi pobre y agotado cerebro.
Será que realmente las decisiones no siempre dependen de nosotros? Los caminos se abren de formas tan extrañas. Podemos creer en el destino, la suerte, la herencia, el devenir, la providencia y .... los nombres que quieran ponerle a esta sensación de que así tiene que ser o simplemente, no ser.
Y darle vuelta al asunto, ponerlo patas para arriba, vaciarlo y llenarlo. Estudiar y analizar pros y contras. Estrategias y tácticas. 
Para qué?  Para que la decisión llegue repentinamente y te tome por asalto. 
Y una vez que está ahí, tangible y real ya no se ignora. 
Ahora el hielo quizá comience a entibiarse, como dice la canción.
Aceptación. Ponerle palabras a las sensaciones y tomar o dejarse tomar por las decisiones. 
Nada más...
Todo más...
Está hecho.

domingo, 26 de junio de 2016

Inspiración

Inspiración


Desear algo suele ser el combustible que pone en marcha un motor. Que ese deseo esté ahí, latiendo, picando, moviendo y hasta molestando, significa que necesita un espacio propio.
Eso exactamente es lo que me sucede con "el escribir".
Es como la piedrita en el zapato... está ahí. Pequeña pero firme. Y hasta que no frenás, te acuclillás, quitás zapato y media, si la hubiera, y encontrás a la minúscula invasora no podés continuar avanzando.
Así exactamente siento ese desear... como esa piedrita que me molesta. Pero he ahí el dilema. Por qué si es algo que deseo con tantas ganas lo comparo con una molestia?
Qué es lo que me impide saltar al vacío del deseo?
Y por supuesto aparece mi viejo amigo el Miedo. Que viene acompañado de otros conocidos, Frustración, Ansiedad, Autoexigencia y algunos más cuyos nombres prefiero evitar.
Entonces vuelvo al comienzo.
Planteo mi dilema. Deseo fervientemente hacer lo que me completa. Y en una charla mediada por kilómetros y un par de partidos del Gran Buenos Aires una rubia te escribe en el momento en que los planetas lo indican. Y te pone que el libro que le regalaste a su pequeña fue devorado en dos días de intensa lectura. Y palabras vuelan e ideas llegan cuando caíste en la cuenta que si Deseas algo debés ir en busca de ello.
Esperar sentada no va a traer nada a mis manos.
Y entonces, teléfono en mano, escribo. Qué deseo me mueve? Qué me inspira? Qué sueño?
Y fluye el combustible... mi petróleo, las palabras. Mi motivación una vez más, el vínculo sagrado de la amistad.
Rubia hoy me inspiraste vos.
Gracias por creer en mí.